viernes, 20 de mayo de 2011

POR QUÉ LE VOY A HOPKINS

LE VOY A HOPKINS, como se decía antes (¿O se dice aún?) en su pelea con Pascal (ver foto). Y ojo, no tiene nada que ver con el fallo de la anterior, empate, en la que todos dicen que lo beneficiaron a su rival, por lo que el Consejo ordenó la revancha inmediata. Tampoco tiene que ver el hecho de que, si logra ganar este sábado – transmite COMBATE SPACE -, superará la marca de George Foreman. Ni tampoco que, por edad, los que ya peinamos canas nos gusta ver que los veteranos también podemos. Simplemente le voy a Hopkins por lo que ha sido, por lo que es, porque lo que seguramente será: un boxeador en serio. Un tipo que viene de las difíciles calles de Filadelfia. Que tiene momentos oscuros en su pasado, que terminaron llevándolo a la cárcel de Graterford, como inquilino por la cantidad de 18 años, por 9 felonías cometidas. Será porque en la cárcel encontró al boxeo y con él, su redención.

DE LA VIEJA escuela, Bernard Hopkins alguna vez nos comentó a Eduardo Bejuk –querido amigo y compañero de viajes- que “Me hubiera gustado pelear con un tipo duro de verdad como Carlos Monzón, para poder probar si realmente soy tan bueno como me creo”. Tipo duro, que no le tiene miedo a hacer declaraciones sobre el color de piel. Que aunque se metió a musulmán, es capaz de hacer cualquier cosa en el ring. Un tipo duro de verdad, de los que ya no vienen seguido. Dicen que se entrena permanentemente y que está siempre en buena condición, aunque se haya pasado un poco ahora en el pesaje. Leo en una página de ESPN.com que ha declarado que quiere ser una especie de “Archie Moore, que fue a Canadá e hizo una extraordinaria pelea con Ivon Durelle, cuando ya tenía más de 40. “Voy a pelear por todos los viejos peleadores, voy a pelear para demostrarle al león joven que el león viejo todavía domina la selva”, aseguró.
Por todo eso le voy a Hopkins.

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